La Ratita Presumida

Versión Tradicional

Linda y presumida la rata blanquita
limpiaba la entrada de su casa un día
cuando oyó un sonido que le dio alegría
parece el sonido de una monedita.

Blanquita, alarmada, coge su escobita
y quita las hojas de su escalerita:
—Anda pues es cierto, qué felicidad,
es una moneda de las de verdad.

Por ver si es de plata la tira y la bate
y luego la muerde. —¡No es de chocolate!
—Con plata tan fina ¿Qué podré comprar?
Un queso de bola, ¡Qué vulgaridad!
Compraré un vestido para ir a bailar,
¿No, no, qué ya tengo!, prefiero un collar.
¿Y si me comprara un televisor?
¡Compraré la luna que es mucho mejor!

Cuantas cosas sueña la rata Blanquita
no le darán tanto por su monedita.
¡Ni collar, ni luna, ni queso de bola,
se compró un lacito y adornó su cola!

Linda y presumida la rata Blanquita,
sentada en el porche, en su balancín
a sus pretendientes recibía así:
—Buenas tardes señor Gallo.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Kikiriki!
—¡Contigo no me he de casar que los despertarás!

—Buenas tardes señor Perro.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Guau, guau!
—¡Contigo no me he de casar que los asustarás!

—Buenas tardes señor Gato.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
—¡Miau!
—¡Contigo no me he de casar que te los comerás!

—Buenas tardes señor toro.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Muuuuu!
—¡Contigo no me he de casar que los despertarás!

—Buenas tardes señor Burro.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Ajuuuu, ajuuuuu!
—¡Contigo no me he de casar que los asustarás!

—Buenas tardes señor Lobo.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Auuuuuuu, auuu!
—¡Contigo no me he de casar que te los comerás!

—Buenas tardes señor Pato.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
—¡Cuac, cuac!
—¡Contigo no me he de casar que los despertarás!

—Buenas tardes señor Cerdo.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Oink, oink!
—¡Contigo no me he de casar que los despertarás!

—Buenas tardes señor Búho.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Uuuh, uuuh!
—¡Contigo no me he de casar que te los comerás!

—Buenas tardes señor Caballo.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
¡Riiuuuuuuuu!
—¡Contigo no me he de casar que los despertarás!

—Buenas tardes señor Ratón.
—¡Rata Blanquita que linda estás!
—Como no soy bonita, se lo agradezco más.
—Dime hermosa Blanquita, ¿Te quieres casar conmigo?
—¿Como arrullarás a los niños?
—¡sssiiuuiiiii!
—¡Contigo me he de casar que no los despertarás, ni los asustarás, ni te los comerás!

La rata Blanquita y el ratoncito Pérez casados ya están,
al pueblo a comprar ha de ir ella un día, y deja la comida en la olla no sin advertirle a su marido:
—Ratoncito Pérez, cuando pase una hora el guiso de la olla has de remover, pero no te asomes que dentro de la olla te puedes caer.
—Cuidado tendré y luego de paseo me marcharé.

Al pasar la hora Pérez el guiso se fue a remover, y queriendo ver si habían cebollas a la olla se asomó, pero no veía y más se asomó y en la olla se cayó.

Cuando Blanquita volvió, a su marido buscó pero no lo encontró. 
Al cabo del rato como tenía hambre se puso a comer:
—Qué bueno me ha salido el guiso, como tarde mucho Pérez en volver, me parece que no le va ha quedar nada, me pondré un poco más.
Entonces al sacar el cucharón, vio la cabeza de su marido el Ratón, y se puso a llorar sentada en el porche, en su balancín.
Y pasó por allí una paloma que le preguntó:
—¿Rata Blanquita por que lloras así?
—Lloro porque el ratoncito Pérez se cayó en la olla
por la golosina de la cebolla, y yo me lo comí,
y por eso lloro y suspiro, suspiro y lloro.
—Pues yo, como paloma, me cortaré la cola.

y se va volando al palomar, cuando llegó éste le preguntó:
—Paloma, palomita ¿Por qué te has cortado la colita?
—Porque el ratoncito Pérez se cayó en la olla
por la golosina de la cebolla, y la rata Blanquita se lo comió, y por eso llora y suspira, suspira y llora... y yo, como paloma, me corté la cola.
—Pues yo como palomar, me he de derrumbar.

Y le pregunta la fuente: —¿Palomar por qué te derrumbas?
Y el palomar contestó:
—Porque el ratoncito Pérez se cayó en la olla
por la golosina de la cebolla, y la rata Blanquita se lo comió, y por eso llora y suspira, suspira y llora, la paloma se cortó la cola y yo me derrumbo.
—¡Pues yo, como fuente, dejo la corriente!

Entonces llegaron unos niños con sus cantarillos y le preguntaron:
—¿Fuente por qué dejas la corriente?
—Porque el ratoncito Pérez se cayó en la olla
por la golosina de la cebolla, y la rata Blanquita se lo comió, y por eso llora y suspira, suspira y llora, la paloma se cortó la cola, el palomar se derrumbó y yo como fuente, dejo la corriente.
Y los niños rompieron sus cantarillos.

Al volver a palacio les preguntó la reina:
—Niños ¿Por qué habéis roto los cantarillos?
—Porque el ratoncito Pérez se cayó en la olla
por la golosina de la cebolla, y la rata Blanquita se lo comió, y por eso llora y suspira, suspira y llora, la paloma se cortó la cola, el palomar se derrumbó, la fuente dejo su corriente y nosotros los niños rompimos los cantarillos.
—Pues yo como buena reina, me quito la mantilla blanca y me pongo la negra.

Al llegar el rey le preguntó:
—Reina ¿Por qué te has quitado la mantilla blanca y te has puesto la negra?
—Porque el ratoncito Pérez se cayó en la olla
por la golosina de la cebolla, y la rata Blanquita se lo comió, y por eso llora y suspira, suspira y llora, la paloma se cortó la cola, el palomar se derrumbó, la fuente dejo su corriente, los niños rompieron sus cantarillos y yo como buena reina, me quito la mantilla blanca y me pongo la negra.
—Pues yo, como buen rey echaré a correr.

Mientras el rey corría se encontró con un oso...
—¿Por donde iba?
—Por el oso.
—¡Pues date un baño, mocoso!


 

Este cuento se ha transcrito de la web http://usuarios.lycos.es/Cuentame_un_cuento/cuentos/ratitapresumida.htm

 

PEQUEGUAY -LA BUHARDILLA ESTUDIOS- 2006

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